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El baño o hamman entre los andalusíes fue un edificio público, cívico y en cierta medida religioso. De época del rey zirí Badis Ibn Habas.
Los árabes heredaron la tradición de las termas romanas de Bizancio y Roma a través de
las ciudades del Próximo Oriente y Norte de África.
Los baños árabes solían tener de tres a cuatro salas, junto a un patio que sirve de entrada, se dispone una primera estancia rectangular que funcionaba como sala fría, seguida por otra cuadrada de grandes dimensiones, con arquerías de herradura en tres de sus lados, correspondientes con la sala templada. Por último, otra habitación rectangular provista de dos espacios, donde se ubicaban las bañeras de agua, era la sala caliente.
Para aislar convenientemente el interior del exterior se empleaban gruesos muros de argamasa sobre los que se levantaban las bóvedas de piedra y ladrillo con lucernarios octogonales o estrellados para permitir la entrada de la luz, salida de vapores y aligerar el peso de la bóveda.
Los muros se revestían de estuco y se pintaban. Destacar la decoración interior, a base de columnas, capiteles, zócalos pintados, suelos de mármol y bóvedas horadadas con lucernas estrelladas que permitían la perfecta ventilación del baño.
De martes a sábado, de 10.00 a 14.00 h.
Cerrado: lunes, domingos y festivos.
Acceso libre