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La calle del Arenal, resguardo de blasones y palomas, nos lleva a la Plaza de Belluga, solar del monumento más preclaro: la Catedral.
El obispo Pedrosa puso la primera piedra en 1388; entonces nadie pensó que los trabajos finalizarÃan cuatro siglos más tarde, largo perÃodo que justifica la diversidad de estilos arquitectónicos.
El templo posee 23 capillas de distintas concepciones artÃsticas, desde la del marqués de los Vélez -filigrana del gótico flamÃgero- (1507), a la de los Junterones (1525), una de las piezas más originales del renacimiento español; a este tiempo pertenece la sacristÃa, inspirada en la de San Lorenzo de Brunelleschi.
El retablo de la capilla el Socorro, la sillerÃa del coro, del siglo XV, y la imagen de San Jerónimo, tallada por Salzillo, son otras referencias ineludibles.
Con la torre llega a Murcia el renacimiento. Levantada sobre otra torre más modesta que a la vez reemplazó al minarete de la mezquita, el primer cuerpo se debe a los hermanos FlorentÃn, que lo construyeron entre 1521 y 1525, enriquecido con capiteles jónicos, guimaldas y hornacinas, se terminó en 1645, aún habrÃan de transcurrir 120 años para abordar el tercero; hasta la linterna que corona la bóveda octogonal hay 92 metros de altura.
No obstante, la joya más hermosa y preciada de todo el conjunto es el imafronte (1736/1754), bellÃsimo retablo de piedra debido al escultor y arquitecto Jaime Bort. Alarifes, pintores, doradores, escultores y ensambladores murcianos del Siglo de Oro colaboraron en un proyecto catalogado obra maestra del barroco internacional. Como es preceptivo, el imafronte se orientó al occidente, frente al Palacio Episcopal.
De lunes a domingo: de 7:00h a 13:00h. y de 17:00h a 20:30h.
Entrada gratuita.