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Lluis Domènech i Montaner utilizó la simbología de una nave para alojar los restos del rey Jaime I. No es una nave cualquiera, es una nave sumamente bella y lujosa, de pórfido y decorada con mosaicos.
La tumba está guiada por dos esculturas: un ángel o popa y una figura femenina o proa; ambas transportan al rey de la vida terrenal a la vida espiritual. Por encima del féretro hay un doselete soportado por cuatro columnas cilíndricas a cada lado rematadas por pináculos; su base es frágil, reposan encima de las olas por las que avanza la nave real.
Domènech i Montaner dejó constancia, desde la base donde descansa la tumba hasta el interior del doselete y gracias al trabajo escultórico y al uso de los mosaicos, de cuáles eran los símbolos que caracterizaron al rey Jaime I: sus coronas, sus escudos, que narraban sus conquistas, y sus reinos.
A pesar de que la Comisión de Monumentos de Tarragona encargó el mausoleo en 1906, la obra no descansó en su lugar actual hasta el año 1992, tras buscar el mejor emplazamiento para ella.
Fecha de construcción: S. XX
Autor: Lluis Domenech i Montaner
Estilo: Modernismo
Categoría: Civil
Tipo: Mausoleo
Dirección y teléfono
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En el siglo I se construyeron dos largos acueductos para abastecer de agua la ciudad.
El primero tomaba el agua del río Gaià y tenía una longitud de unos 40 km. El segundo la tomaba de Francolí y su longitud era de unos 15 km. el tramo más espectacular conservado pertenece a este último y es un puente de unos 217m de largo y 26m. de altura máxima que salvaba un barranco.
Está construido con grandes sillares colocados a hueso, formando una doble línea de arcadas. Popularmente se conoce como Pont del Diable o Acueducto de las Ferreres.

El anfiteatro era un edificio para espectáculos de luchas de fieras, de gladiadiores y ejecuciones públicas.
El de Tárraco fue construido a principios del siglo II d. C. y fue objeto de reformas en el año 221, como indica la inscripción de 140m., la más larga de todo el Imperio, que coronaba el podio.
Actualmente se conserva parte de la grada tallada en la roca, muy erosionada, y una parte de la granda meridional, sustentada sobre bóvedas de hormigón. Aquí sufrieron martirio en el año 259 san Fructuoso y sus diáconos. Para conmemorarlo se edificó, a inicios del siglo VI, una basílica visigoda, sobre la cual se estableció la iglesia medieval de Santa María del Milagro.

En 1896 se colocó la primera piedra del convento, en el suelo del espacio que ocupa el altar mayor. En forma de paralelogramo, dispone de planta baja, que oculta un patio que es un claustro, y tiene cuatro pisos de altura, cuando inicialmente tuvo tres (más la planta baja), ideados por el arquitecto Pau Monguió i Segura. Sus muros se trabajaron con ladrillo y paredes de mampostería.
Pero del edificio perduran dos elementos arquitectónicos muy especiales que lo hacen todavía más singular: la aguja con la que cierra la fachada y la linterna del camarín que Josep María Jujol erigió en 1918. La linterna del camarín, que sobresalía del altar inferior dedicado a la Virgen del Carmen, es el único elemento que ha sobrevivido a todos los infortunios históricos que ha experimentado el convento. Bajo este frágil elemento se encontraba el altar y el tesoro de la Virgen, punto muy querido por los tarraconenses y del cual no queda nada.
El camarín erigido en 1918, se perfila como una aguja que descansa sobre una base poligonal formada por aperturas terminadas en palomas que lo vigilan. En el convento se formaron muchos jóvenes de la ciudad. Pero el conjunto siempre será recordado porque en él se fabricó la famosa Aguja del Carmen desde 1909 hasta los años ochenta del mismo siglo.

La casa del doctor Aleu la dibujó el arquitecto Josep María Pujol i Barberá en 1927.
A pesar de esta fecha tan tardía para el modernismo, Pujol quiso que el aspecto y la decoración de la casa siguieran la tendencia artística que durante años había argumentado su práctica arquitectónica. El edifico consta de planta baja, dos alturas superiores y un último cuerpo añadido que llegó en el año 1988

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