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La construcción de la actual Basílica del Pilar está íntimamente ligada al aumento de la devoción pilarista a lo largo del siglo XVII. En la basílica se conserva la columna o pilar sobre la cual se apareció la Santísima Virgen al apóstol Santiago; al principio se construyó un pequeño oratorio para guardar y venerar la columna, después se construye una iglesia románica, luego otra mudéjar que sufrió un incendio en 1434 y que fue sustituida entonces por un templo gótico mudéjar dedicado a Santa María la Mayor.
Finalmente, por iniciativa de don Juan de Austria, fue trazado el templo por Felipe Sánchez y Francisco Herrera Hidestrosa en 1681. Posteriormente, el rey Fernando VI ordenó en 1754 la construcción de la Santa Capilla a Ventura Rodríguez, renovó la decoración interior según las nuevas corrientes neoclasicistas de la época; diseñó la Santa Capilla y el Coreto, y remodeló el trazado exterior con cúpulas añadidas a la central -que en un principio se había pensado que iba a ser la única- y torres que no se terminarán hasta mediados del siglo XX, ampliando sus dimensiones hasta 130 m de largo x 67 de ancho. La basílica posee 11 cúpulas, 10 linternas y 4 torres.
El templo tiene 3 naves cubiertas por bóveda de cañón, apoyadas sobre pilares. La nave central se encuentra dividida por el altar Mayor, que a su vez se halla presidido por el Retablo Mayor del siglo XVI realizado por Damián Forment, de factura gótica, que representa episodios de la Virgen y de Nuestro Señor.
El interior es de una gran belleza y una serena grandiosidad. La Santa Capilla, concebida como un gran templete en estilo barroco clasicista, es un espacio sagrado, amplio e íntimo realizado con mármoles, bronces y plata que se funden con la decoración escultórica y la pintura de su cúpula. La Virgen, de 39 cm de altura, está realizada en madera y descansa sobre una columna de jaspe.
El coro, obra renacentista, consta de 130 sitiales con tres órdenes de gradas. Sus autores fueron Esteban de Obray, Juan de Moreto y Nicolás Lobato.
La mayoría de las cúpulas y bóvedas están pintadas al fresco por pintores tan conocidos como Ramón y Francisco Bayeu. La capilla Reina de los Mártires fue decorada por Francisco de Goya, quien también pintó la bóveda del Coreto de la Virgen.
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Fundada en 1564 por don Hernando de Aragón, hermano de Fernando II de Aragón el Católico. Tiene planta de cruz latina, de nave única, dividida en tres tramos, con una pequeña ampliación a modo de crucero abiselado, y una longitud total de 43,60 metros.
La portada de yesería, muestra la escena de la Asunción, de estilo barroco, muy común en Aragón desde finales del siglo XVII. Ha sido atribuida a Ramirez de Arellano, al igual que el retablo.
La portada se cubre mediante una bóveda de crucería estrellada ricamente decorada, con claves de madera dorada, con motivos del escudo del fundador.
El retablo de la iglesia fue construido entre 1755 y 1765, de tipo altar, dividido en tres cuerpos.
La capilla del Agnus Dei situada detrás del presbiterio, está cubierta por una bóveda de crucería. Posee una decoración de pintura como alegoría a la visión celestial y eucarística.
La iglesia de la cartuja sería decorada por Goya en 1774, formando un ciclo de once óleos sobre lienzo de los que en la actualidad sólo quedan siete debido al abandono durante la Guerra de la Independencia y a la posterior desamortización. Fueron realizadas al secco –óleo sobre muro-.

Constituye uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad. Su origen se sitúa en el s. XIII, cuando se planteó llevar a cabo una construcción que comunicase la catedral con la nueva casa del deán.
El arco actual se encuentra muy restaurado, respondiendo a la reforma realizada en el s. XIV. Lo más llamativo de esta obra el mirador, con ventanales de tracería gótico mudéjar.
En la actualidad es propiedad de una entidad financiera y tras su restauración se ha destinado a museo y residencia de visitantes ilustres.

La primera catedral cristiana de Zaragoza, construida bajo la advocación de San Salvador, se levanta sobre el mismo espacio que antes había ocupado el templo romano del foro, la iglesia visigoda y la mezquita mayor musulmana.
El obispo Pedro Torroja inicia la catedral en estilo románico, con tres naves, crucero y tres ábsides semicirculares. Entre el siglo XIV y XV comienza la construcción de la actual catedral gótica, añadiéndose una nueva nave central y dos más laterales. Su torre barroca fue levantada por Contini, en 1686. El cimborrio de finales del siglo XV es obra de Juan Botero, a base de una estrella de ocho puntas. A mediados del siglo XVI se reforman los pilares y bóvedas.
En el interior destaca el altar mayor, que posee un magnífico retablo de Meter Johan, varios sepulcros de mártires, arzobispos e infantes. El coro se encuentra cerrado por una valiosa verja, con una artística sillería de roble tallado por Navarro. Entre las capillas cabe citar la capilla plateresca de Zaporta y la barroca de San Agustín, así como la de San Valero.
La capilla de San Bernardo tiene un gran retablo de alabastro. En la Sala Capitular hay buenas pinturas de Ribera, Zurbarán y Goya. Existe un excelente museo en la Sacristía, con obras maestras de arte y especialmente una colección de tapices flamencos góticos y renacentistas.

Destruida en 1808 debido al Sitio de Zaragoza. Fue erigido sobre la antigua necrópolis cristiano-romana que albergaba los restos de Santa Engracia y otros dieciocho mártires de los siglos III y IV.
Durante la dominación musulmana, fue templo mozárabe de la Taifa de Saraqusta con el nombre de Iglesia de las Santas Masas, siendo cabecera el arrabal mozárabe.
Se encontraron dos sarcófagos paleocristianos de mármol del siglo IV, hoy custodiadas en su cripta.
El Monasterio Jerónimo de Santa Engracia fue fundado por Juan II de Aragón. Del antiguo templo subsiste la portada plateresca que recuerda a las portadas románicas con arquivoltas. Se trata de una portada-retablo que refleja el patrocinio real del monasterio y su origen martirial.
La imagen de Santa Engracia -hoy desaparecida- presidía la entrada desde el mainel de la puerta.
El mecenazgo regio se refleja en los escudos que se sitúan en las enjutas del arco de ingreso y en las imágenes orantes de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, acompañados de San Juan Bautista y Santa Catalina de Alejandría, así como de los fundadores de la Orden, San Jerónimo y Santa Paula, flanqueando a la Virgen entronizada en el centro.
Se corona el conjunto la escena del Calvario, con la Fe y la Esperanza en los laterales.