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Algunos años después de la muerte de Mahoma el Islam se expandió con una rapidez sin precedentes. Los musulmanes ocuparon gran parte de la Península Ibérica. La conquista se realizó con algunos episodios violentos, aunque en términos generales, se llevó a cabo de una forma pacífica y sin que encontrara grandes resistencias. En 670 se funda Qayrawan, en 711 atraviesa el estrecho de Gibraltar y en 732 Carlos Martel frena su avance en Poitiers.
La dinastía Omeya, de tradición sunnita con sede en Damasco, gobernaba desde el año 660. Se conquistaron territorios desde el Norte de La India hasta la península Ibérica y desde el Yemen hasta el Cáucaso, fue la época de la expansión. En 750 la familia de los Abasíes, de confesión chiíta, toma el poder. En 762 Damasco deja de poseer la capitalidad cediéndosela a Bagdad. Será la época de la fragmentación del imperio: Idrisíes un Marruecos, Aglabíes en Ifriqiyya, etc. Célebre fue el mandato de Harum ar-Rashid (786-809), el califa de las Mil y Una Noches. En 1258 el tártaro Hulagú tomó Bagdad poniendo fin al decadente Imperio Abasí.
La dinastía de los Banú Umayya continuó gobernando en al-Ándalus. En 756 llegaba Abd al-Rahman desde Damasco y fundó el Emirato Independiente de Córdoba. Pero el verdadero organizador del Emirato árabe fue Abd al-Rahman II, quien delegó los poderes en manos de los visires. Los problemas internos de los muladíes y mozárabes así como la aparición de califato Fatimí amenazaban gravemente a Al-Ándalus. Para solucionarlo Abd al-Rahmam III se proclamó califa en 929. Intentando acabar con las sublevaciones y conflictos. Proclama la independencia de Bagdad del califato abasida. Fue ésta la época de esplendor andalusí, donde el estado omeya se transformó en diversos reinos conocidos como los reinos taifas (los 39 pequeños reinos en que se dividió el califato de Córdoba). Consecuencia de la guerra civil por el poder entre los seguidores del último califa legítimo Hixam II y los sucesores de Almanzor.
Las continuas invasiones desde el norte de África de los almorávides y almohades durante los años 1090 y 1145 produjo un debilitamiento de los reinos, lo que provocó que, a mediados del siglo XIII, al-Ándalus quedará reducida al reino nazarí de Granada.