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Su planta es irregular y su interior tuvo una distribución original en diferentes estancias: las mencionadas anteriormente, además de los salones, oratorio, casapuerta, jardín, cocina y la casa de labor. Pero las reformas que tuvo durante el pasado siglo afectaron parcialmente a dicha distribución.
Su monumental fachada principal se realizó en ladrillo. La portada se divide en dos cuerpos de gran dinamismo constructivo y decorativo, en cuyos elementos se utilizaron mármoles en varios colores. El cuerpo inferior de la portada es la puerta propiamente dicha, adintelada y enmarcada en doble columna corintia. Estas columnas, que sea poyan en pedestales de mármol verdoso, tienen el fuste rojizo y los capiteles blancos. Sobre las columnas descansa el entablamento mixtilíneo que divide los dos cuerpos de la fachada: con el arquitrabe verde, friso blanco y la sobresaliente cornisa verde. Encima del entablamento se alza el segundo cuerpo cóncavo, con el balcón también mixtilíneo.
El balcón está enmarcado en una columna, del mismo orden de colores que en el cuerpo inferior. El propio vano de este balcón, de dintel mixtilíneo, se enmarca en elementos de gran riqueza decorativa. Aquí de nuevo está el pedestal verde, sobre el que reposan estípites con capiteles corintios y un entablamento donde se alternan los colores, las líneas rectas, las curvas y volutas.
No menos importante es el remate de la portada con un frontón mixtilíneo y rematado con pináculos, en cuyo centro se halla el escudo de la familia Bernuy sostenido por dos figuras alegóricas.
A los extremos de la fachada se encuentran dos torres-miradores de planta cuadrada. Ambas tienen dos cuerpos que están separados por molduras. El primer cuerpo tiene un balcón similar a los del resto de la fachada. El segundo tiene arcos geminados de medio punto y vanos rectangulares a cada lado.
Al edificio se accede mediante un vestíbulo que conduce al patio del apeadero, cuya entrada es de arco rebajado. Este arco es de ladrillo, tiene remarques en tendel, y está decorado con pinjantes en la clave y arranques.
La planta del patio es rectangular. En su lado derecho se abren las caballerizas de planta rectangular y tres naves. Estas naves están separadas por columnas toscanas y arcos de medio punto. La cubierta de las caballerizas es de bóvedas baídas.
En el lado izquierdo del patio se sitúa el salón del palacio y detrás de éste el antiguo jardín.
Lo más destacado del patio está en su lado principal, con un arco rebajado y encima un balcón con rica decoración, que da paso a la escalera. Esta escalera de tipo imperial tiene dos tramos ascendentes, que conducen a un descansillo del que arranca un tiro único. El arranque de la escalera y la llegada al segundo piso van precedidos de tres monumentales arcos trilobulados y rojos. Estos arcos están sostenidos por pares de columnas toscanas apoyadas en pedestales. La caja de escalera está cubierta con bóveda de media naranja sobre pechinas.
De las dependencias en torno a la escalera destaca la capilla o pequeño oratorio de planta rectangular.
También sobresale el patio central de planta cuadrada y galerías de arcos a cada lado, de medio punto abajo y rebajados arriba. Los arcos son de ladrillo con decoración en las ménsulas, pinjantes en la clave y enjutas. Éstos se apoyan en columnas toscanas. La planta superior asoma al patio con un barandal de metal. En torno a dicho patio se distribuyen otras dependencias del palacio, como son los dormitorios, comedores y salones. Resalta de éstas el gran salón, pero todas tienen cubierta adintelada con vigas de madera. A la izquierda del patio se encuentra la antigua casa de labora, muy modificada por las reformas posteriores.
Uno de los monumentos que no puedes perderte en tu visita a Écija es el bonito Palacio de Benamejí. Un palacete del siglo XVIII que además acoge el Museo Histórico municipal con increíbles piezas arqueológicas, como es la escultura romana de la "Amazona Herida".
Visítalo con la ayuda de una audioguía y deléitate a tu ritmo con el pasado de Écija.
Uno de los monumentos que no puedes perderte en tu visita a Écija es el bonito Palacio de Benamejí. Un palacete del siglo XVIII que además acoge el Museo Histórico municipal con increíbles piezas arqueológicas, como es la escultura romana de la "Amazona Herida".
Visítalo con la ayuda de una audioguía y deléitate a tu ritmo con el pasado de Écija.
Descubre la historia de Écija, su pasado romano y su belleza particular barroca con esta visita guiada. Su panorámica ya anuncia la importancia de sus monumentos con esas esbeltas y espectaculares torres.
Visitarás el Palacio de Benamejí - Museo Histórico Municipal con una gran colección de mosaicos romanos y piezas tan destacadas como la "Amazona Herida". También el Palacio de Peñaflor donde contemplarás las mejores vistas, el Arca Real de Agua y el Estanque Romano que aún se conserva.
El tour incluye las entradas y un guía local a un precio inmejorable.
Para conocer la historia de Écija, visita con la compañía de un guía el yacimiento arqueológico Plaza de Armas.
En este enclave descubrirás restos el pasado de esta ciudad: desde su época tartésica hasta la andalusí, pasando por la época gloriosa romana. De ésta última se conserva el impresionante "Mosaico de los Amores de Zeus".
Un plan perfecto para amantes de la arqueología en "La Ciudad del Sol".
Dirección y teléfono
Horarios
Del 1 de octubre al 30 de junio:
- De martes a viernes, de 10:00 a 13:30 horas y de 16:30 a 18:30 horas.
- Sábado, de 10:00 a 14:00 horas y de 17:30 a 20:00 horas.
- Domingo y festivo, de 10:00 a 15:00 horas.
Del 1 de julio al 30 de septiembre:
- De martes a viernes, de 10:00 a 14:30 horas.
- Sábado, de 10:00 a 14:00 horas y de 10:00 a 22:00 horas.
- Domingo y festivo, de 10:00 a 15:00 horas.
Precios
Tarifa general: 3 €.
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Uno de los monumentos que no puedes perderte en tu visita a Écija es el bonito Palacio de Benamejí. Un palacete del siglo XVIII que además acoge el Museo Histórico municipal con increíbles piezas arqueológicas, como es la escultura romana de la "Amazona Herida".
Visítalo con la ayuda de una audioguía y deléitate a tu ritmo con el pasado de Écija.

Uno de los monumentos que no puedes perderte en tu visita a Écija es el bonito Palacio de Benamejí. Un palacete del siglo XVIII que además acoge el Museo Histórico municipal con increíbles piezas arqueológicas, como es la escultura romana de la "Amazona Herida".
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En este enclave descubrirás restos el pasado de esta ciudad: desde su época tartésica hasta la andalusí, pasando por la época gloriosa romana. De ésta última se conserva el impresionante "Mosaico de los Amores de Zeus".
Un plan perfecto para amantes de la arqueología en "La Ciudad del Sol".

Los juegos de escape son una manera muy animada de conocer edificios con encanto, como el Palacio de Peñaflor de Écija.
Descubre qué ha pasado con una base de datos "perdida", que almacenaba los estudios de la decoración de este palacio barroco (S.XVIII).
Apúntate tú y tus amigos a esta divertida aventura.

Uno de los monumentos que no puedes perderte en tu visita a Écija es el bonito Palacio de Benamejí. Un palacete del siglo XVIII que además acoge el Museo Histórico municipal con increíbles piezas arqueológicas, como es la escultura romana de la "Amazona Herida".
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En este enclave descubrirás restos el pasado de esta ciudad: desde su época tartésica hasta la andalusí, pasando por la época gloriosa romana. De ésta última se conserva el impresionante "Mosaico de los Amores de Zeus".
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El yacimiento arqueológico Plaza de Armas (o Alcázar de Écija) se sitúa en una de las partes más altas de la ciudad. Su superficie es de 5.480 metros cuadrados. Representa la historia ecijana, ya que se pueden observar diferentes niveles según sus sucesivas ocupaciones desde sus orígenes hasta hoy.
Los restos más antiguos que se documentan datan del Bronce Final, cuyos fondos tendrían cabañas ovales y circulares, además de alguna estructura rectangular.
Posteriormente, llegó la ocupación de los turdetanos, cuyo urbanismo en aquella época era de calles pavimentadas. No será hasta la época romana cuando Écija volvió a ser ocupada. En este período se arrasaron las estructuras ibéricas, reutilizándose los materiales para la nueva ciudad. Se documentaron en la plaza de armas varias estructuras domésticas, con mosaicos romanos de gran valor.
En el siglo XI, los almorávides arrasaron lo construido para levantar el alcázar de Istiya. Dos siglos más tarde, el alcázar pasó a dominio cristiano tras la conquista de la ciudad en 1240, reestructurándose la plaza. En los siglos XVI y XVII se abandonó. Se convirtió en un picadero de caballos en el siglo XVIII, conociéndose coloquialmente entre los ecijanos como barrio del Picadero.
El Ayuntamiento local acometió en 1999 las labores de recuperación con varias excavaciones, que continúan en la actualidad.
Destaca en su interior un edificio turdetano que se usaba para el culto. Alberga varias estancias romanas con rica decoración de mosaicos, pintura mural y pavimentos marmóreos. Sobresale el mosaico de Los Amores de Zeus, que mide 40 metros cuadrados y se encuentra en un estado conservación excelente. Su hallazgo fue catalogado como uno de los diez mayores descubrimientos de 2015 por National Geographic También se conservan los restos de muralla del alcázar musulmán, desde los que se puede contemplar toda Écija.

El Palacio de los marqueses de Peñaflor y Cortes de Graena, también conocido como el Palacio de los Balcones Largos, es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura barroca ecijana.
Se trata de una casa-palacio barroca reformada sobre un anterior edifico renacentista. Para esta reforma, se agregaron al edificio primitivo varias viviendas colindantes, dando como resultado en 1775 el palacio actual.
Lo más sorprendente que vemos cuando nos encontramos con su fachada curva, de más de sesenta metros de largo, son sus pinturas murales. Estas son obra de Antonio Fernández que las realizó al fresco entre 1764 y 1765; representando trampantojos de elementos arquitectónicos, figuras, falsos ventanales que dan más monumentalidad y colorido al palacio. Por supuesto, también es singular el balcón corrido a lo largo de toda esta fachada, realizado por Pedro Calderón en 1762.
Una bellísima portada barroca da acceso al edificio (1726 – 1727). Fue elaborada en piedra con columnas dóricas que enmarcan el vano de entrada y salomónicas en el balcón superior, rematada por la heráldica de las armas los linajes que construyeron este edificio: Barradas, Henestrosa, Bazán y Fernández de Córdoba. En ángulo y sobre la portada se encuentra un imponente mirador donde contemplar vistas increíbles de la ciudad de Écija.
Tras la portada de acceso se da paso al apeadero y al patio de las caballerizas. Precisamente, sobresale la portada de acceso a dichas caballerizas, realizada por Juan Antonio Blanco en 1762. Las caballerizas se dividen en su interior en tres naves cubiertas por bóveda de arista sostenidas por fuertes columnas. También resalta una gran escalera que arranca desde el apeadero, por las proporciones de su caja y decoración. En los muros de ésta se encuentra el retablo de la Virgen del Rosario profusamente ornamentado de yeserías y pinturas, de la mano de Fray Antonio de Molino (1767). No menos importante es la cúpula de media naranja que cubre la escalera.
En la planta baja del palacio hay varios patios, pero destaca el principal. A el asoman los dos pisos superpuestos mediante galería de arcos de medio punto. estas galerías blancas contrastan con la bella fuente de piedra situada en el centro del patio. Alrededor del patio hay salones cubiertos por interesantes artesonados de madera.
Después de varios años en ruinas y cerrado el Palacio de Peñaflor, puede visitarse gracias a una rehabilitación; aunque de momento de forma parcial hasta que pueda ser accesible al completo.